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Antes solo se le atribuía al azúcar ser culpable por las caries de nuestros niños. A nosotros mismos, se nos aconsejó desde pequeños que no hay que comer tantos dulces porque se nos caerían los dientes. Ahora bien, se trata de una afirmación realmente grave. ¿Alguna vez habéis pensado que, si una sustancia es tan nociva para penetrar – y pudrir- un pedazo de hueso macizo como es el de un diente, qué será capaz de hacer al resto de los órganos más vulnerables del cuerpo?
La Organización Mundial de la Salud recomienda que el consumo de azúcares libres – aquellos añadidos por el fabricante o el cocinero (azúcar simple, sacarosa, miel, siropes, concentrados de zumo de frutas y zumo de frutas) – en adultos y niños no debería ser más del 10% de nuestra dieta y, si queréis gozar de una salud óptima, la cantidad de azúcar al día no debe sobrepasar el 5%. El problema es que no tenemos claro qué tiene azúcar y qué no. Por esta razón muchos padres asumen que solo los refrescos, los chocolates y caramelos tienen azúcar, pero resulta que otros alimentos que no parecen ser azucarados tienen montones. Alimentos como la bollería industrial, las galletas, el pan de molde, la barra de pan industrial, el kétchup, las salsas para pasta envasadas, el yogur de fruta o el yogur “light”, el cereal comercial o de dieta, el muesli, el zumo de naranja o de otra fruta, bebidas como el Gatorade, el té frío, barritas de cereal y prácticamente todo lo que venga en una caja o envasado tiene azúcar. Con tan solo leer los ingredientes de estos productos lo comprobaréis vosotros mismos, el primer ingrediente es azúcar.
Alimentos que comúnmente le damos a nuestros hijos para desayunar, como un vaso de Colacao o su competencia con otro nombre son prácticamente azúcar con un color marrón y algo de grumos. Como si fuera poco, las compañías responsables de la creación de estos productos le añaden la siguiente frase: “enriquecido con vitamina A, D y hierro” para que cualquiera que lo lea piense que ese alimento es lo mejor que podemos darle a nuestros niños.

Hoy, exponemos estos productos para demostrar que la industria del azúcar está envenenándonos y, sin saberlo, caemos en las multimillonarias campañas de marketing con las que promueven estos “alimentos”. Comparamos tres productos atendiendo a la porción recomendada que indica en el bote, con un vaso de leche entera de 250 ml. A continuación verán lo impactante de los resultados.
Nuestra versión del cacao natural es mucho más sano y os aseguramos que sabe bastante mejor: Utilizando un vaso de 250 ml de leche de almendra, dos cucharadas de cacao puro sin azúcar y tan solo 1/2 cucharadita de jarabe de arce o miel hemos obtenido la misma bebida pero infinitamente más natural y saludable.

100 gramos de de Nesquik tiene 75 gramos de azúcar, el ColaCao tiene 70 gramos de azúcar y el Cacao Soluble de Aliada tiene 74 gramos. Para medir las cantidades utilizamos la medida recomendada del fabricante, es decir 25 gramos y 250 mililitros de leche entera. La versión natural no tiene azúcar añadida en ninguno de los ingredientes pero sí tiene una cucharadita de jarabe de arce que aporta 4 gramos de azúcar al cacao puro. Sin embargo, lo más importante es que el azúcar del jarabe de arce no es refinada, no es blanca y procesada, es azúcar natural muy diferente a la que llevan estos productos e infinitamente más sana. Podremos aprovechar el valor nutricional del azucar de verdad.

El ColaCao: un vaso de 250 mililitros de leche con 25 gramos de ColaCao tiene casi 30 gramos de azúcar por vaso, casi lo mismo que una lata de Coca Cola y casi el total de la recomendación total del día.

Nesquik: En un vaso de 250 ml con tres cucharadas tiene 30.9 gramos de azúcar y eso es tan solo una porción.

Cacao soluble Aliada: este es la marca blanca que escogimos en representación de todas las que ofrece cada cadena de supermercados. Por supuesto más barato y de menor calidad. Sorprendentemente un vaso de cacao Aliada tiene menos azúcar que el Nesquik y al menos un color más agradable.

En conclusión…
No seáis víctimas del marketing de estos productos. Lo que aparece en la etiqueta frontal de ellos es una manera de venderlos y para poder encubrir lo dañinos que son. Ningún niño o adulto necesita un producto que dice que está enriquecido con vitamina A o la que sea, porque las vitaminas, minerales, proteínas, otros micro y macronutrientes esenciales están en los alimentos que nos da la naturaleza.





Comentarios
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